La leyenda de la llorona

Por Isaac / hace 4 años / 16 Comentarios ».

La leyenda de la llorona

La leyenda de la llorona ha viajado a través de toda Latinoamérica y se ha propagado en boca en boca con versiones diferentes unas a las otras. Pero, ¿En verdad conoces el verdadero origen de esta historia de tragedia, desamor y arrepentimiento?

Se dice que la historia nace en el Lago Texcoco, en México… cuando una mujer de origen indígena se enamora de un español muy guapo -según diferentes versiones-. Él era un hombre muy fuerte, con cabello oscuro y con una sonrisa con la que podía conquistar a todo mundo si éste quisiera. La mujer era muy bella, tenía el cabello oscuro, una sonrisa que hacía sonrojar a más de uno, también tenía un rosto angelical y un cuerpo muy bien formado, todo hombre del pueblo quería lograr conquistarla.

Un día, mientras que la llorona, como hoy la conocemos, se encontraba en las orillas del río lavando la ropa, el misterioso hombre del que ella se enamoró apareció de la nada lanzando destellos de felicidad mientras se dirigía a ella. A lo que ella respondió con una dulce y tierna sonrisa. Hablaron y cayó presa del amor. Varios meses después de tener un romance apasionado tuvieron tres hijos que la mujer cuidaba con mucho amor y cariño, tal y como una madre lo haría con sus propios hijos.

Pero resulta ser que el español del que se había enamorado la llorona era una persona infiel y que le gustaba enamorar a las mujeres con su sonrisa de oro. La mujer deseaba que su relación se formalizara y que se casaran de inmediato así que muchas veces habló con él y siempre evadía la pregunta, recordemos que ambos vivían juntos. Así que después de que se fue, pasaron varias semanas antes de que volviera a escuchar de él.

La mujer escuchó de muchas voces que el español se había comprometido con una mujer española de la alta sociedad y que dentro de unos meses se casaría. Después de escuchar esto, la llorona llevó a sus hijos que inocentemente la siguieron, y los ahogó a las orillas de río. Viendo lo que había hecho por despecho, la mujer tomó su vida y se convirtió en lo que hoy conocemos como la llorona.

Se dice que todavía se puede escuchar los lamentos de esta mujer arrepentida por siempre, una alma en pena que jamás logra descansar y que todavía pregunta por sus hijos en las calles más oscuras de la ciudad de México. Los que corren la mala fortuna de toparse con esta mujer aseguran que está vestida completamente de blanco y los lamentos se escuchan más cerca de lo que parece.

“Ay, mis hijos, ay mis hijos”…

Una leyenda se forma a través del tiempo, con lo que se cuenta y pasa de generación en generación, es por eso que existen cientos de versiones de diferentes personas que afirman haber escuchado a la llorona, lo normal es que al pasar los años, la historia se cambie, si todavía tienes duda, te invito a leer y aprender sobre ¿Qué es una leyenda?.

Mientras tanto, aquí hemos recolectado varias versiones de la llorona, escoge la que más te guste y dinos en los comentarios cuál es tu favorita.

LA LLORONA Versión A

Leyendas de Mexico

De los campos a las ciudades emigran muchas jovencitas en busca de su sueño, de estudios y de tener mejores trajes y dinero para ayudar a sus familias.

Esta como muchas llegó a la ciudad y se empleo en casa de ricos, enamorándose de su hijo el cual cruelmente la dejó embarazada y luego la despidió de su trabajo.

No habiendo más que hacer, se devolvió a su casa escondiendo su hijo bajo su delantal, lo cual no logró por mucho tiempo, su familia, apegada al cristianismo, comenzó a decirle su error a todas horas, creándole gran angustia.

Una noche bajo un gran aguacero corrió hacia el río y pariéndolo lo lanzó a la corriente, al ver lo que había hecho se lanzó detrás del niño gritando y llorando.

Todavía en las noches de luna después de una creciente se oye el llanto de esta mujer, y se puede verle tras el rayo de luna en el agua del río, tratando de alcanzar a su hijo.

Dicen que el señor en su gran misericordia tendrá compasión de ella y que algún día lo alcanzará, volverá a la vida y será un gran hombre revolucionario de la sociedad.

 

LA LEYENDA DE LA LLORONA Versión B

 La llorona

En las altas horas de la noche, cuando todo parece dormido y sólo se escuchan los gritos rudos con que los boyeros avivan la marcha lenta de sus animales, dicen los campesinos que allá, por el río, alejándose y acercándose con intervalos, deteniéndose en los frescos remansos que sirven de aguada a los bueyes y caballos de las cercanías, una voz lastimera llama la atención de los viajeros.

Es una voz de mujer que solloza, que vaga por las márgenes del río buscando algo, algo que ha perdido y que no hallará jamás. Atemoriza a los chicuelos que han oído, contada por los labios marchitos de la abuela, la historia enternecedora de aquella mujer que vive en los potreros, interrumpiendo el silencio de la noche con su gemido eterno.

Era una pobre campesina cuya adolescencia se había deslizado en medio de la tranquilidad escuchando con agrado los pajarillos que se columpiaban alegres en las ramas de los higuerones. Abandonaba su lecho cuando el canto del gallo anunciaba la aurora, y se dirigía hacia el río a traer agua con sus tinajas de barro, despertando, al pasar, a las vacas que descansaban en el camino.

Era feliz amando la naturaleza; pero una vez que llegó a la hacienda de la familia del patrón en la época de verano, la hermosa campesina pudo observar el lujo y la coquetería de las señoritas que venían de San José. Hizo la comparación entre los encantos de aquellas mujeres y los suyos; vio que su cuerpo era tan cimbreante como el de ellas, que poseían una bonita cara, una sonrisa trastornadora, y se dedicó a imitarías.

Como era hacendosa, la patrona la tomó a su servicio y la trajo a la capital donde, al poco tiempo, fue corrompida por sus compañeras y los grandes vicios que se tienen en las capitales, y el grado de libertinaje en el que son absorbidas por las metrópolis. Fue seducida por un jovencito de esos que en los salones se dan tono con su cultura y que, con frecuencia, amanecen completamente ebrios en las casas de tolerancia. Cuando sintió que iba a ser madre, se retiró “de la capital y volvió a la casa paterna. A escondidas de su familia dio a luz a una preciosa niñita que arrojó enseguida al sitio en donde el río era mas profundo, en un momento de incapacidad y temor a enfrentar a un padre o una sociedad que actuó de esa forma. Después se volvió loca y, según los campesinos, el arrepentimiento la hace vagar ahora por las orillas de los riachuelos buscando siempre el cadáver de su hija que no volverá a encontrar.

Esta triste leyenda que, día a día la vemos con más frecuencia que ayer, debido al crecimiento de la sociedad, de que ya no son los ríos, sino las letrinas y tanques sépticos donde el respeto por la vida ha pasado a otro plano, nos lleva a pensar que estamos obligados a educar más a nuestros hijos e hijas, para evitar lamentarnos y ser más consecuentes con lo que nos rodea. De entonces acá, oye el viajero a la orilla de los ríos, cuando en callada noche atraviesa el bosque, aves quejumbrosos, desgarradores y terribles que paralizan la sangre. Es la Llorona que busca a su hija…

 

La llorona Versión C

La llorona arrepentida en el monte

En esta imagen podemos ver a La llorona lamentándose por haber asesinado a sus hijos a sangre fría.

Se conoce que la leyenda de la llorona ha atravesado casi toda América Latina y se ha propagado en boca en boca, de generación en generación, con versiones diferentes unas a las otras. Pero, ¿Será cierto lo que se cuenta en esta historia?

En México, se dice que la historia tiene inicio a las cercanías del Lago Texcoco, cuando una mujer indígena se enamora desesperadamente de un español muy guapo, apuesto y amable. Él era un hombre con cabello oscuro, con bastante rudeza y una sonrisa que le ayudaba a conquistar a cual mujer se le atravesara; si éste quisiera.

Esta señorita poseía una increíble belleza, tenía el cabello oscuro, unas facciones únicas que encantaban a más de una persona. Ella también tenía un rosto angelical y un cuerpo muy bien formado, con atributos femeninos muy bien definidos. Se cuenta que todos los hombres ansiaban tener su mano, pero ella se negaba pues ninguno de sus pretendientes cumplía con sus expectativas.

Un día, mientras que la joven, que hoy la conocemos como la llorona, se encontraba en las orillas del río lavando la ropa, que habitualmente era una de sus labores favoritas, ya que le permitía estar en contacto con la naturaleza, el sol y el agua cristalina del río,  el misterioso hombre del que ella se enamoró, apareció de la nada. Inmediatamente sus miradas se cruzaron y este caballero,  lanzando miradas con destellos de felicidad, caminó hasta donde ella se encontraba.

La saludó amablemente, a lo que ella respondió con una dulce y tierna sonrisa. Hablaron largo tiempo se contaban pasajes de su vida, intercambiaban sonrisa, roces y besos, y ella  cayó presa del amor. Luego de varios meses de relación intensa y de un romance apasionado, ya no podían estar separados. El tiempo en esta relación y  tuvieron tres hijos, los cuales la mujer cuidaba con mucho amor y cariño, tal y como una buena madre lo hace con sus hijos.

Pasado algún tiempo, resulta ser que el español del que se había enamorado la llorona, era una persona infiel, deshonesto, a quien que le gustaba enamorar a las mujeres con su sonrisa de oro. Aunque la mujer deseaba que su relación se formalizara y que se casaran de inmediato, no fue así. Ella muchas veces habló con él y siempre la evadía, recordemos que ambos vivían juntos. Nunca quiso reconocerla como su esposa, a pesar de tanto amor que le profesaba. Así que el decidió abandonarla y  después de su partida, pasaron varias semanas antes de que volviera a escuchar de él.

Se conoce que la el hombre español, a quien ella amaba mucho, contraería matrimonio con una mujer de alta alcurnia dentro de unos cuentos meses. Esto le destrozó el corazón, estaba destruida, dolida, llena de rabia. Fue entonces que la llorona llevó a sus hijos, los tres frutos de su amor, que inocentemente la siguieron, y sin remordimiento alguno, los ahogó a las orillas de río. Al recapacitar y viendo lo que había hecho por despecho, la mujer tomó su vida, ahogándose también y se convirtió en lo que hoy conocemos como la llorona.

En la actualidad y sin duda alguna todavía se escuchan los lamentos de esta mujer arrepentida por siempre, una alma en pena, que jamás logra descansar y que todavía pregunta por sus hijos en las calles más oscuras de la ciudad de México. Los que corren la mala fortuna de toparse con ella aseguran que está vestida completamente de blanco. Cuando sus lamentos se escuchan, es que está más cerca de lo que parece. “Ay, mis hijos, ay mis hijos” es el llamado que se escucha por todas las noches cerca del lago texcoco.

Agradecería mucho que la compartieras por tus redes sociales y con tus mejores amigos. Si gustas de las leyendas tanto como yo, entonces no olvides seguirnos y estar pendiente de nuestras próximas entradas.

 

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